Día Mundial del Alzheimer

Mª José Pérez

Hoy se celebra el día mundial del Alzheimer. Hoy es un día para tomar conciencia del alcance que representa esta enfermedad. Por un lado, se pretende sensibilizar a la sociedad española acerca de esta “epidemia del siglo XXI” y, por otro, promover la prevención de esta patología tan devastadora.

La enfermedad de Alzheimer (EA), también denominada mal de Alzheimer, afecta aproximadamente a 15 millones de personas en todo el mundo. Es la causa más frecuente de demencia en las personas de edad avanzada (supone el alrededor del 60% de todas las demencias).

En nuestro país, 1 de cada 10 personas mayores de 65 años presenta este tipo de demencia neurodegenerativa, afectando actualmente a 800.000 mayores y a un total de 5,5 millones de personas, si se tiene en cuenta a los familiares y cuidadores que conviven diariamente con esta enfermedad.

Se trata de la demencia más común en la actualidad, con una prevalencia del 5% de la población mayor de 65 años, el 25% de las personas mayores de 80 años, llegando a un 30% en la población mayor de 90 años.

Es una enfermedad degenerativa primaria, cuya causa es aún desconocida (aunque se piensa en alteraciones genéticas como posible causa) y puede ser de inicio temprano (antes de los 65 años) o de inicio tardío (después de los 65 años). La supervivencia media de los pacientes con Alzheimer hoy en día se estima que es de 6 a 12 años aproximadamente.

El inicio de esta demencia es insidioso y poco a poco va suponiendo un deterioro progresivo y gradual de la memoria y de otras capacidades mentales, a medida que las neuronas mueren y diferentes zonas del cerebro se atrofian.

La enfermedad de Alzheimer se desarrolla en 4 etapas:

– Etapa previa o predemencia: los primeros síntomas, con frecuencia, se confunden con la vejez o estrés en el paciente. Una evaluación neuropsicológica detallada es capaz de revelar leves dificultades cognitivas hasta 8 años antes de que la persona cumpla los criterios de diagnóstico. Estos signos precoces pueden tener un efecto sobre las actividades de la vida diaria.

La deficiencia más notable es la pérdida de memoria, manifestada como la dificultad de recordar hechos recientemente aprendidos y una inhabilidad para adquirir nueva información, dificultades leves en las funciones ejecutivas (atención, planificación, flexibilidad y razonamiento abstracto) o trastornos en la memoria semántica (el recordar el significado de las cosas y la interrelación entre los conceptos). Puede aparecer apatía y deterioro cognitivo leve.

– Etapa inicial: de 2 a 4 años, se caracteriza por un deterioro de la memoria reciente (dificultad para recordar tareas cotidianas) y un empobrecimiento del vocabulario con la aparición de anomia (dificultad para encontrar las palabras). Puede haber desorientación temporo-espacial, descuidado, cambios de personalidad, irritación, agresividad, rigidez, depresión… Aquí el paciente todavía puede ser consciente de su enfermedad.

– Etapa intermedia: de 3 a 5 años, el deterioro intelectual y de memoria siguen evolucionando. La desorientación se agrava por lo que es necesario que el enfermo necesite supervisión pese a defenderse en las actividades diarias.

– Etapa final: la duración es variable, aproximadamente entre 8 y 12 años. Finaliza con el paciente en cama en estado vegetativo hasta la muerte. En esta fase se agudizan los síntomas, el paciente no se reconoce a sí mismo, aparece mutismo (imposibilidad de articular una palabra) y caídas. Necesita supervisión total.

Algunos de los factores de riesgo que pueden desencadenar la enfermedad de Alzheimer son: tener una edad avanzada, sexo femenino, antecedentes familiares de primer grado con demencia, colesterol, antecedentes de traumatismos craneoencefálicos, Síndrome de Down, Parkinson, diabetes, estrés, hipertensión, tabaquismo, hipotiroidismo, bajo nivel educativo, depresión, escasa estimulación ambiental/social y factores de riesgo cardiovascular.

Hasta el momento no existe una cura para sanar el Alzheimer, sin embargo, hay pequeñas rutinas y actividades que pueden ayudar al retraso y/o prevención de la afección.

Tener hábitos de vida saludables que nos mantengan activos física e intelectualmente puede reducir el 40% de los casos con Alzheimer o retrasar la llegada de la enfermedad.

A este respecto cabe destacar ciertos hábitos alimenticios que podrían reducir entre un 70% y un 80% la aparición del Alzheimer, como por ejemplo: reducir el consumo de grasas saturadas y trans; consumir suplementos de vitamina B12; comer verduras, frutas, legumbres, pescado y granos; consumir antioxidantes y vitamina E; evitar los multivitamínicos con hierro y cobre (a menos que lo indique el médico)…

La demencia por Alzheimer, como todas las demencias, es una importante causa de dependencia e implica siempre a las dos partes, la persona dependiente y la persona o personas que cuidan, es decir, afectan al binomio paciente-cuidador. Y todos debemos tomar conciencia de esta realidad y del problema sociosanitario que en ese sentido genera.

Sirva este día para reivindicar la necesaria conciencia que ha de existir para garantizar un adecuado abordaje integral del Alzheimer que ponga en el centro de la atención no sólo a la persona con la enfermedad, sino también a su entorno familiar y/o cuidadores.

El tratamiento, pues, que debería contemplarse, además de multidisciplinar (formado por psicólogo, médico, enfermero y terapeuta), ha de ser integral, partiendo siempre desde la dignidad del enfermo.

Un tratamiento centrado en la persona en lugar de en la enfermedad implica situar al individuo en el núcleo de la atención, ayudándole a vivir lo mejor posible con la demencia. Es muy importante empatizar con la persona afectada, tener en cuenta sus necesidades y sentimientos, desarrollar en la medida de lo posible su individualidad y autonomía y atender a su autoestima.

En definitiva, mejorar la calidad de vida y bienestar de las personas afectadas, desde una filosofía de atención centrada en la persona.

Porque todos necesitamos sentirnos útiles, valorados y socialmente capaces.

Día Mundial Alzheimer
Artículo realizado por:

Mº José Pérez Albiñana

Psicóloga General Sanitaria.

Área de investigación científica de Rorschach y métodos de diagnóstico clínico Máster Universitario en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Católica de Valencia (UCV).


Máster en Fundamentos Básicos y Teoría de la Intervención Psicológica por la Universidad Camilo José Cela de Madrid.

Diploma en prevención de conductas adictivas por la UCV.

Especialista en psicopatología infanto-juvenil y en psicopatología de adultos.

Experiencia laboral como psicóloga en las clínicas universitarias y como tutora de prácticas en el Máster de Psicología de la Salud de la UCV.

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