LECTURA | Los Valores del Respeto (Libro Completo)

Alicia Catalá Seguí

Los Valores del Respeto

―¡Esto es muy fuerte tío! ¿Por qué dejas que te insulten?¡No puedo entender que no te defiendas de esta gentuza Miguel! ¿Se lo has dicho a tu padre?

Miguel no podía mirar a su amigo, permanecía sentado en el suelo, le sangraba la ceja. Hacía más de cuatro meses que el curso había empezado y, según él, estaba perdido. No le caía bien a nadie y encima se sentía inferior al resto porque era muy delgado y bajito, no aparentaba los 15 años que tenía.

Alberto era su más íntimo amigo desde la guardería. A diferencia de Miguel, Alberto era un chico con autoestima. Sí, esa palabra que está muy de moda y que significa “el concepto valioso que tienes de ti mismo”.

Alberto, había nacido con una deformación física en su brazo izquierdo. Tenía que aprender a defenderse de las personas que sentían compasión por él y que se reían de él, menospreciándole e insultándole. En su mente siempre estaban las mismas palabras. Palabras que había incrustado en su memoria y que le ayudaban a avanzar. Venían de una frase que leyó en un viejo libro: “Nadie te respetará si tú mismo no empiezas a respetarte”.

―¡Venga Miguel! El año pasado igual y este… acabamos de empezar, y tío… pinta mal, muy mal. ¡No te plantas. Tú mismo, sin darte cuenta y sin hacer nada parece que invites a que te peguen y te insulten. ¿Por qué no te plantas? ¡Esa gentuza sin valores lo único que quieren es mostrar que son poderosos, dominantes! ¡En grupo son muy chulos pero de uno en uno seguro que se cagan! —

Miguel, cargado de rabia, replicó:

―¡No te plantas, no te plantas…! Estoy harto de escuchar esto ¿sabes? ¡No sé plantarme! ¡Tengo miedo! Cada vez que salgo del Instituto ya sé lo que me espera. Como siempre me van a acorralar, me van a empujar llamándome de todo y entre empujón y empujón como si fuera una pelota, guantazo… El otro día me quitaron hasta el móvil. Y cuando ya me habían machacado bastante, se rieron de mí. Me bajaron los pantalones y terminaron haciéndome fotos con los móviles… No puedo más Alberto, no puedo más… me llaman “mierda”, pero es así como me siento.

―¡Vamos a hablar con tu padre y luego a la Policía o a la Guardia Civil y los denuncias! yo voy contigo. No te pienso dejar ni un minuto solo.

―Alberto, tío, tío, yo creo que no es cuestión de denunciar, porque si denuncio igual la toman todavía más conmigo. Además, si se lo digo a mi padre, él sí que me matará. Desde que murió mi madre, ya llevamos bastante. Está deprimido, le ha dado por beber y encima me dice que si tengo problemas en el instituto que me las apañe como pueda que él tiene los suyos.

―¡Vaya marrón!

Dice que es una vergüenza que yo no sepa defenderme. Se pasa el día diciéndome: “¡si alguien te pega, me cago en tooo… defiéndete con los dientes, pero no me vengas lloriqueando que te cruzo la cara! ¡Qué malcriado te tenía tu madre en paz descanse! ¿Qué, se lo dirías a tu padre si fuera como el mío?

Hombre, si yo te apoyo y hablamos seriamente los dos… es que Miguel, no se trata de que te hayan pegado una vez, es que te humillan, te insultan, te maltratan y nadie hace nada. Yo pienso que es algo que no debes arreglar tú solo, a estos tíos hay que asustarlos con algo. Vamos a la Guardia Civil y allí nos dirán algo. Somos menores de edad. ¿O no te acuerdas? Mira, yo con mi brazo deforme soy un blanco fácil para que esta basura se meta conmigo. Y mírame… ¡ni me tocan!

¡No te jode! Yo teniendo un hermano como tú que me defienda también voy de chulo por ahí. Alberto, tío, baja de donde te has subido que no te tocan porque tu hermano es un cachas y te quiere un mogollón. Se pone a esperarte en la puerta y vamos… hasta a mí me da palo acercarme a él.

Vale. ¡Está cachas el tío! ¡Ya está! ¡Se lo decimos a mi hermano y que los acojone!

Bueno, ya veremos, ahora cuando llegue a casa le diré a mi padre que me he caído jugando al futbol y me he abierto la ceja. Alberto tío, te agradezco un montón lo que haces por mí, yo no sé cómo te lo montas… Se ve que la han tomado conmigo y punto.

Alberto asombrado por el comentario de su amigo Miguel, sonrió y mirándolo muy fijamente, dijo:

Mira cómo he nacido yo, mira mi brazo deforme… A parte del cachondeo que llevamos con el cachas de mi hermano, yo he tenido que buscar algo en mí que me haga ser un tío muy majo porque sé que mi vida no va a ser como la de otros. No lo voy a tener fácil, sobre todo con las tías… ¿Dónde voy con este brazo? ¿Sabes de qué me di cuenta un día? De que lo único que tenía, y menos mal, era este pedazo de inteligencia. Debía ser algo en la vida que valiera mucho la pena y que tenía que currarme el ser yo mismo, aceptarme primero y luego luchar con el apoyo de otros… Y eso es lo que hago; ¡tener amigos fantásticos como tú tío!

Alberto pasó el brazo por el hombro de Miguel en señal de amistad.

Dos días después acorralaron de nuevo a Miguel a la salida del instituto. Era un grupo de cinco adolescentes que estudiaban en la misma clase. Adolescentes que habían despreciado los valores del respeto. Ese día Miguel no sólo llegó a casa de nuevo con la mochila rota, con el labio partido y la mirada perdida, también llegó a su casa con la moral destrozada y su dignidad hecha pedazos.

De camino hacia su casa le sorprendió el cartel que un pobre hombre tenía en el suelo entre sus pies. Pedía una limosna en la puerta de un supermercado. Todos los días, camino al instituto, lo veía allí. Pero nunca se había detenido a leer lo que ponía el cartel. El cartón decía: “Soy mudo, le aseguro que si tuviera boca hablaría para pedir y protestar, pero… no puedo. Gracias por su ayuda”.

Aquel párrafo tan simple le hizo reflexionar. ¡Él sí tenía boca y podía hablar! Se sentó frente al ordenador y buscó en internet todo lo relacionado con “Los valores del respeto” y se puso a escribir:

“AVISO IMPORTANTE PARA MIS COMPAÑEROS DE INSTITUTO”

¿Por qué hay personas

que no respetan a los demás?

La falta de respeto es propia de las personas desconsideradas y egoístas e insensibles. Es tal su indiferencia o su ignorancia respecto a quienes viven a su alrededor, que pasan por alto las más elementales normas de convivencia, como si no las conocieran.  Quienes así obran causan un daño considerable a las personas, pues pisotean su dignidad y su derecho a ser tenidos en cuenta y respetados. Este comportamiento es típico de personas conflictivas que tienen serios problemas relacionados con la personalidad. Son personas que empiezan siendo así desde antes de la adolescencia, avasallando, insultando, agrediendo, humillando y destrozando la vida de personas que no pueden o no saben defenderse. Son insolentes o desagradecidos. Son vándalos que destruyen por placer. Tienen malos tratos con los demás  y abusan de ellos. Carecen de principios y de valores”.

¡Denuncia!

¡No permitas que esto suceda!

¡Si te encuentras con personas así,

habla!

¡ROMPAMOS EL SILENCIO!

Miguel imprimió su escrito y al día siguiente se presentó ante su tutora y le dijo:

Por favor, quisieran que hicieran fotocopias y lo repartieran a todos los alumnos del instituto y que también lo pusieran en el tablón de anuncios. Me imagino que como yo, hay bastantes jóvenes que están sufriendo abusos por parte de unos cuantos. He decidido empezar a frenar esto. Antes no podía, pero sé que no estoy solo. Si hablo podré hacer algo por aquellos que no quieren o no pueden hablar por miedo y también podré hacer algo por mí.

La profesora, tras leer el texto atentamente, abrió los ojos manifestando asombro y dijo:

Miguel, ¿qué está pasando? ¿Qué es esto? Necesito que me digas que está ocurriendo y quiénes son los compañeros que te están intimidando.

Miguel le contó todo a su tutora, desde el principio. Habló de cómo se sentía y de que no le había dicho nada a su padre, pero que lo iba hacer.

Dame nombres.

Juan, Pedro, Chema, Luis y Toni de mi clase. Pero le puedo decir que no importa cómo se llamen porque en otras clases también habrá otros igual con nombres diferentes.

¿Estás dispuesto a un careo? Hablo de una reunión cara a cara.

Estoy de acuerdo. Cuento con mi amigo Alberto que es el que me apoya. Aún no le he dicho que he venido hablar con usted. Sólo le pido que espere a que pasen unos días, luego sabrá por qué. Necesito reunir pruebas.

Su tutora accedió con la cabeza y le indicó que tuviera cuidado.

Cuando Miguel salió del despacho, se sintió un poco más grande. Había dado el primer paso. Localizó a Alberto, le contó todo y le explicó su plan a seguir. Le pidió que a la salida de clase le siguiera y se escondiera para que los demás no lo vieran.

Alberto, en el momento en que veas que se acercan y empiezan a meterse conmigo, coge el móvil y ponte a grabarlo todo. ¡No pierdas detalle tío que voy a por todas!–.

Alberto no daba crédito al impulso que había tomado su amigo y pasándole el brazo por el cuello le dijo afectuosamente:

¡Eres impresionante tío! Ya te dije que tenías mucho valor, que está dentro de ti. Vamos a montar una que se van a cagar.

Efectivamente, al doblar la esquina camino para su casa, se tropezó de cara con los cinco. Alberto hacía unos minutos que había puesto el video del móvil a grabar, escondido entre los coches para no ser visto. Uno de los cinco le puso la zancadilla a Miguel haciéndole caer mientras que con el otro pie le pegaba una patada en toda la espinilla. Miguel cayó de bruces contra el asfalto.

Mira el niñatoreían todosAhora ponte a llorar nenaza.

Al tiempo que soltaban toda una serie de insultos humillantes, mientras le vaciaban la mochila esparciendo todos sus libros por debajo de los coches. Uno de ellos le pasó la bota por la cara reventándole la nariz, mientras otro empujaba su hombro hacía abajo con intención de aplastarlo. Y cuando ya estaba totalmente en el suelo, con un pie puesto en la cabeza para que no la moviera, sintió el aliento de uno de ellos en su oído mientras le decía:

He pensado que como esto se lo cuentes a alguien ¡te rajo! ¿Me entiendes? Y a ver si vas trayendo para mañana alguna joyita de oro que tengas de tu mamita guardada por algún joyero viejo. Seguro que dejó más de una.

Alberto estaba consternado al ver cómo estaba pasándolo su amigo. Sentía un fuerte poder de venganza en su interior y sujetaba con fuerza el móvil para no perder detalle. El material no tenía desperdicio.

Acto seguido los dos amigos se fueron a urgencias y Miguel fue atendido. Cuando el médico le preguntó cómo se había hecho aquello, Miguel dijo que lo habían agredido en la calle y dieron parte a la Guardia Civil.

Alberto acompañó a Miguel a su casa, ahora el enfrentamiento debía hacerlo con su padre. El joven amigo decidió irse para que sus padres no estuvieran preocupados. Había llamado a su madre para avisar de su tardanza. Eran las 22:00 h. de un día entre semana. Demasiado tarde para un joven de 15 años. Miguel no solía llegar a esas horas. Era lógico que su padre estuviera inquieto.

Miguel abrió la puerta con prudencia. Desde la entrada un olor a agrio llegó a su olfato. Olía a vino barato. Tragó saliva y entró en el comedor. Una cortina de humo envolvía la silueta de su padre que se giró de forma rápida al verlo entrar.

¿Piensas matarme a disgustos desgraciado? —Su voz balbuceante era señal de que había bebido demasiado.

Papá, mañana te cuento, ahora estoy cansado, vengo de urgencias porque me he caído.

¿Te has caído? ¿Te has caído? ¡Te pasas el día cayéndote leche! ¡Mira a ver donde pisas, que pareces lelo! Tira hacerte la cena que yo ya he cenado. ¡Pilla lo que haya en la nevera que no he comprado nada!

Miguel llevaba la nariz hinchada y vendajes en los brazos. Estaba acostumbrado a llegar a casa y no encontrar nada en la nevera. De vez en cuando su tía, la hermana de su madre, iba a limpiar la casa y dejaba algo de comida que su padre nunca le pagaba. Se acostó dolorido y al día siguiente se presentó en clase vendado, tal cual lo habían hecho en urgencias.

Los cinco agresores se miraron los unos a los otros. Uno de ellos le hizo una señal con el dedo indicándole que le iba a cortar el cuello como no mintiera por lo sucedido. Miguel los ignoró y siguió con su plan. Cuando finalizó la clase fue a ver a su tutora para contarle todo lo que había pasado, a su lado su gran amigo con las pruebas grabadas en el móvil. Su tutora dio parte al Director del Instituto, debían ponerse en contacto con los padres de los agresores.

Cuando sonó el timbre en señal de haber finalizado el día de instituto, Miguel y Alberto salieron corriendo de clase. Al llegar a la verja Miguel descubrió la silueta de su padre apoyada en un coche esperándolo con aspecto de estar nervioso. La Guardia Civil había estado en su casa preguntando por Miguel y estaban citados para ir a declarar. Miguel le dijo a su padre que Alberto iría con ellos porque era testigo de todo lo que había pasado.

¿Qué cojones es todo esto Miguel?

Papá, será mejor que escuches todo lo que he estado intentando decirte estos meses y tú no me has hecho ni caso, pero cuando lleguemos al cuartel.

Miguel miraba a su padre a los ojos. Nunca se había atrevido a mirarlo así, con seriedad pero con respeto, como siempre le había tenido.

La estatura del Guardia Civil era sorprendente. Con el uniforme todavía imponía más su presencia.

Nos han citado para declarar porque ayer estuve en urgencias. Me agredieron unos chicos del instituto, traemos las pruebas. Mi amigo lo grabó todo, está en el móvil.

Explicaron todo lo sucedido, dieron descripciones y nombres, rellenaron un formulario, entregaron la prueba de la agresión: ¡El revelador móvil! y firmaron la denuncia. Antes de firmarla el Guardia preguntó:

¿Sois conscientes de que estáis denunciando y van a ser citados a declarar?

Y los dos al unísono dijeron:

¡Si, somos conscientes!

El Guardia Civil los miró a los dos, luego miró al padre de Miguel y añadió:

―Tiene un hijo muy valiente, si esto se hiciera más a menudo, otro gallo cantaría. Siéntase orgulloso, ahora su hijo lo va a necesitar más que nunca.

El rostro del padre era de asombro. Después de escuchar todo lo que le había sucedido a su hijo, sintió vergüenza. Pensó que no había estado a la altura de un padre que debe hablar con su hijo, protegerlo y quererlo. Entendió que después de fallecer su esposa, necesitó hundirse en el alcohol, sin advertir el peligro. Al llegar a casa se sentó con su hijo y le confesó sus errores.

Miguel, hijo, voy a ir al médico para que me ayude a superar este problema que tengo con la bebida. El médico me dirá donde tengo que ir… no sé, alguna asociación de alcohólicos… estoy hecho un lío. Necesito que me perdones, no me he dado cuenta de lo solo que estas… ¡Voy a matar a esos desgraciados!

―No vas a matar a nadie papá. La Guardia Civil o la Policía saben lo que tienen que hacer. Nosotros tenemos que ir al Instituto porque mi tutora y el director van a citar a esos chicos, si no los han citado antes en el cuartel. Se va a montar una gorda, papá. Desde que la mamá no está con nosotros, todo es un caos. Tú bebiendo y pasando de todo. Ni siquiera hay comida en casa, yo no puedo vivir así y tú tampoco. No te lo he dicho nunca papá, pero ¿sabes? creo que la mamá tiene algo que ver con todo esto. Desde donde esté ha hecho todo esto para que tú despiertes y estemos unidos. Ahora sólo estamos tú y yo.

El padre abrazó a su hijo. Le sorprendió la madurez con que Miguel le hablaba. Algo había  cambiado en sus vidas.

Efectivamente, la guardia civil se personó en la casa de cada uno de los cinco jóvenes sin valores. Los padres de estos chicos fueron citados conjuntamente con sus hijos. La guardia civil intervino de forma rápida, con discreción. Era un caso claro de acoso escolar también llamado bullying. Al ser menores de edad el caso pasó a la Fiscalía de menores, responsable de la investigación para valorar los hechos y ver su alcance penal, así como proponer medidas cautelares disciplinarias, vigilancia específica para los acosadores, programas de modificación de conducta y otras normas y compromisos que los acosadores deben cumplir para que estos sucesos no vuelvan a repetirse. El fin es la convivencia pacífica entre ciudadanos. Y eso es lo que debe ser, el sentido común colectivo.

Se considera que existe acoso escolar cuando un niño, adolescente o joven recibe un continuo y deliberado maltrato verbal, físico y/o psicológico por parte de uno o varios compañeros que se comportan con él cruelmente con el objeto de someterlo, apocarlo, asustarlo y/o amenazarlo, atentando contra su dignidad. El acoso escolar puede llevarse a cabo mediante las siguientes conductas:

  • Coacciones.
  • Agresiones físicas y/o verbales.
  • Comportamientos de intimidación y amenaza.
  • Comportamientos de exclusión, marginación social y ninguneo.
  • Robos, extorsiones, chantajes y deterioro de pertenencias.
  • Utilización de internet, mensajes de móviles, etc. Con la intención de hacer daño (envío masivo de correos electrónicos, difusión de imágines sin consentimiento del interesado…).

Miguel había ganado. Había conseguido algo muy importante: recuperar su autoestima, pero sobre todo su dignidad como persona. A partir de aquel momento su vida cambió. Ya no tuvo miedo. Su padre decidió ir a la consulta del médico y hacer terapia para dejar el alcohol y superar la pérdida de su esposa. Todo tardó un tiempo, pero fue un tiempo necesario.

Gracias por tu atención

REGLAS BÁSICAS DE LA CONVIVENCIA

¡Empieza Tú!

¿llegas? ……………………………… saluda

¿te vas? …………………………….despídete

¿recibes un favor? ………… agradece

¿prometes?  ………………… cumple

¿ofendes? ………………….. discúlpate

¿no entiendes? …………….. pregunta

¿tienes? ……………………. comparte

¿no tienes? …………………. no envidies

¿ensucias? …………………. limpia

¿no te cae bien? ……….…… respeta

¿amas? …………………….. muéstraselo

¿no vas a ayudar? …………. no estorbes

¿rompes? ………………….. repara

¿pides prestado? …………… devuélvelo

¿te hablan? ………………… contesta

¿enciendes? ……………….. apaga

¿abres? ……………………. cierra

¿compras? ………………… paga

Los Valores del Respeto Alicia Catalá CEP

Si quieres el PDF del libro haz clic en Descargar

Libro escrito por:

alicia catalá psicólogos en valencia

Alicia Catalá Seguí

Doctora en Ciencias de la Psicología y Directora del Centro Evaluador de la Personalidad.

 

Deja un comentario