LOS CAMBIOS DE MARTINA | Aprendiendo valores (Cap. 4)

Martina continuó pensando en muchas cosas, acostada en la cama, tumbada boca arriba, en estado de asombro, con la mirada fija en la lámpara de colores que cuando tomó la comunión su abuela se empeñó en regalarle. Habían pasado los años y la lámpara seguía en el mismo sitio, pero su mente no. Tenía que tener el suficiente espacio en el cerebro para unos cuantos temas; el próximo examen de química,  Alan tocándole el pelo en la despedida del último día y la escenita de la prima de su amiga que resultó ser la hermanastra de su escondido amor y cómo no… el concierto. ¡Horror! Debía cumplir fielmente con sus responsabilidades en casa si quería que sus padres le dejasen ir. Se le amontonaba la vida. Vaya lío y ella tirada en la cama. Había una voz en su mente que le decía: «levántate, levántate, ya está bien de hacer el vago, debes estudiar, debes preparar el examen de mañana, déjate de chorradas de amoríos y otras hierbas! Y otra voz que le atormentaba  recordándole lo bien que se estaba en el sofá”. En un impulso sobrecogedor Martina saltó de su escondite y se incorporó apartándose el pelo de la frente con la intención de pensar con mayor claridad.

―¡Hola, ¿me recuerdas? ― El Sabio hacía acto de presencia de nuevo en la ventana. — Martina, se quedó observándolo al tiempo que le contaba de forma precipitada todas las aventuras del último día.

―Ya veo que te va pasando todo lo que te voy diciendo que te pasará, también veo que estás arreglando tu habitación y que acabas de pensar en ponerte a estudiar, cosa que ya deberías haber hecho hace días… en fin, lo importante es que ya hayas tomado consciencia de ello y te pongas manos a la obra, ahí sí que no te puedo decir las preguntas del examen.

Martina lo miró sorprendida y añadió:

―Pues yo creía que lo sabías todo y que hasta sabías las preguntas… ¿no será que sí las sabes y no me las quieres decir?

―Ja,ja, pues claro que las sé y es cierto: ¡no te las voy a decir y no insistas listilla! Bueno, que te decía que últimamente estás poniéndote en marcha, sobre todo porque a tu madre ya no se le oye gritar por los pasillos.

―¡Anda que no!, pues no la oirás tú, porque yo… yo sí que la oigo y no precisamente decirme cosas bonitas, pero tengo que reconocer que cuando me dice lo que me dice es porque tiene razón, pero te aseguro Sabio, que estoy en ello, vamos que si estoy…

―Bien Martina, hoy debo hablarte de algo importante para tu formación y tu cambio. Te voy a hablar de Los Valores. Atenta porque en la etapa de la adolescencia los jóvenes tenéis muchos cambios, hay chicos y chicas a las que se les notan más que otros, pero todos cambiáis, tanto física como mentalmente. Cambian tus puntos de vista, tu personalidad, tu carácter con los amigos, con la familia, con los estudios… tu cuerpo… ten en cuenta que la influencia de los amigos, de la televisión, de internet y de la misma sociedad produce alteraciones importantes porque esas influencias pueden ser negativas. Bien porque seas una ignorante y te lo creas todo o por falta de valores. Y aquí viene la lección de hoy, te voy hablar de los valores de la Amistad. En un grado mínimo puedes encontrar una amistad basada únicamente en compartir momentos de diversión, de ocio y en un grado alto, hablaríamos de compartirlo todo, problemas, historias…  Para que una amistad puedas considerarla “amistad” debes tener en cuenta el sentido común, debes saber elegir a tus amistades. Debes tener flexibilidad, que es el ser amable y saber ponerte en el lugar del otro. Es importante la comunicación pero no por ello debes contarlo todo y debes respetar lo que te cuenten sabiendo guardar las confidencias, los amigos no murmuran, se ayudan. Y por último debes saber agradecer siempre. La palabra “gracias” unida a una bonita sonrisa te abrirá muchas puertas.

Martina estaba absorta, atenta, ilusionada con todo lo que Sabio le estaba enseñando y que ella iría poniendo en práctica.

Artículo realizado por:

Alicia Catalá Seguí

Doctora en Ciencias de la Psicología y Directora del Centro Evaluador de la Personalidad.

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