LOS CAMBIOS DE MARTINA | Martina y su mal humor (Cap. 8)

―¡Estoy equivocada! No debería hablarle así a mi madre y encima ni tan siquiera le pido perdón, me estoy convirtiendo en una mala persona.

Martina se levantaba todos los días igual. Estos pensamientos se repetían de forma continuada, y no podía hacer nada con estas ideas. Ella sólo veía que le gritaba a su madre, no le hacía caso y le hablaba mal. A veces le pedía perdón, pero eso no era suficiente porque lo importante era que ese comportamiento fuera distinto.

―Por favor Sabio, te necesito, ¡esto no hay quien lo aguante!

Pero Sabio no aparecía. Hacía días que no sabía nada de él, en realidad semanas.

Se asomó a la ventana para ver si lo veía por algún árbol y de repente escuchó una voz en el interior de la habitación:

―Tienes que volver a la realidad, tiene que llegar el momento en el que esa venda que te tapa los ojos se caiga. Tienes un problema que te está afectando y te voy a preguntar unas cosillas para poder aconsejarte mejor, ¿vale?

Martina se quedó perpleja. Sabio estaba encima del armario, como si hiciera tiempo que permanecía allí.

―Esta bien, pregunta.

―Bueno, ¿desde cuando tienes tan mala gaita?

―Desde hace dos semanas.

―¿Estas durmiendo bien?

―No, por las cosas que me pasan. Creo que me van a suspender casi todas porque no me gusta lo que estoy estudiando y encima con Alan estoy fatal. Es que no me deja ni subir en su moto porque dice que como mis padres no me dejan que él tampoco. Eso me pasa por salir con un chico maduro, pero guapo, ¡claro! y si quieres saber más todavía te diré que también tengo problemas conmigo misma, soy de una manera que no me gusta nada.

―-¿Qué es lo que no te gusta nada de ti?–

― Mi mal humor, que no sé cómo controlarlo y encima me revienta tener que pagarlo con mi madre.–

-―¿Es con la única persona con quien lo pagas?

―Sí.

―Pues no es justo. Encima que tu madre está por ti. Encima que te pasa algunas cosas que si yo fuera tu padre no veas lo que habría hecho ya contigo.

―Qué me habrías hecho?

―Pues castigarte y enfadarme porque no te veo que estés haciendo esfuerzos. Te dedicas el día a pensar en tu novio y no te organizas y para colmo cuando tu madre te despierta por la mañana, aspecto que no debería ser así porque tienes edad de despertarte sola, encima coges y le gritas. Muy mal, vamos… fatal.

―Vale Sabio, ya te tengo a ti para que me eches la bronca, no me hace falta que venga mi madre a reñirme que ya estás tú.

―Mira, lo primero que tienes que hacer para calmar tu mal humor es reconocer que estas equivocada y eso ya lo has hecho. Después hablar con tu madre y pedirle perdón, dile lo que te está pasando y sincérate con ella y tercero, empieza a corregir tu error porque para eso tienes tu inteligencia. Cuando te levantes por la mañana piensa «debo tratar a los demás como quiero que me traten a mí». ¿Crees que lo puedes conseguir?

—Sí, tampoco es tan difícil. Es decir, que me organice, que me controle, que sea amable, que haga un esfuerzo y que hable con mi madres sobre los estudios para ver este año que viene que voy hacer con mi vida.

Veo que lo has captado perfectamente.

―Lo voy hacer ahora mismo. Gracias Sabio. ¡Qué suerte tengo de tenerte!

Artículo realizado por:

Alicia Catalá Seguí

Doctora en Ciencias de la Psicología y Directora del Centro Evaluador de la Personalidad.

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