LOS CAMBIOS DE MARTINA | La coincidencia (Cap. 3)

La habitación había quedado como nunca. Impresionante fue el término que utilizo su madre al entrar. Ya la tenía ganada para poder ir esa tarde a ver un rato a Alan y también poder encontrarse con sus amigas.

La tarde era espléndida, hacía un sol de noviembre estupendo. Sobre las cinco de la tarde Martina se arregló de una forma especial para encontrarse con Alan. Todavía tenía en sus labios el sabor fresco del último beso. Agradeció en su interior que Alan no fumara y sonrió para sus adentros de una forma un tanto pícara. Al mirarse en el espejo comprobó que los pantalones le venían un tanto grandes, había adelgazado y eso a ella no le sentaba nada bien. La delgadez la volvía débil, insegura, poca cosa. Ella estaba acostumbrada a sus caderas, sus muslos formados y sus hombros redondeados, le gustaba hacer deporte. En un ataque de rabia contra la sociedad que no hace más que calentarle la cabeza con la imagen que hay que tener para ser bella, decidió salir en pijama, harta de tanto anuncio para conseguir gustarle a un chico, pensó en que no se iba ni a peinar. Pero una vez estuvo en la escalera, le entró un brote de sensatez y volvió a subir a su cuarto sonriente por la escena que había montado. Se apretó el vaquero para que no se le cayera, se puso su mejor y camisa y con aire desenfadado se lanzó a la calle, a la gran aventura, que después se transformaría en “la coincidencia”.

Quedaron en un parque cercano a su casa. Sus miradas se cruzaron por un instante, hablaron con los ojos. Ella interpretó que él le decía lo guapísima que estaba y él interpretó que ella le decía que era feliz. Fueron al cine a ver la película “Los Miserables”. Apenas se habían sentado, Alan le cogió la mano, luego la cara y luego la besó. Ella se dejó llevar hasta el final de la película. Y con un tono de broma le dijo: “anda, que pagar para besarnos…”. Rieron juntos y Alan se despidió de ella acariciándole el pelo.

Buscando a sus amigas, que estaban en el teatro viendo “La Bella y la Bestia”, Martina coincidió con una de ellas que iba acompañada de otra joven. Cuál fue su sorpresa, cuando su amiga le presentó a su compañera diciéndole:

―Martina, esta es mi prima Marta, su hermanastro va a tu clase y se llama Alan, ¿por casualidad lo conoces?

Martina se quedó estupefacta, no daba crédito a lo que estaba pasando. Ella no le había comentado a sus amigas los encuentros que estaba teniendo con Alan. Titubeando dijo:

―Sí, es un chaval formal que se sienta justo detrás de mí, no sabía que tenía una hermanastra que fuera tu prima!

―Ya ves ―contestó Marta― que alegría le voy a dar a mi hermanito cuando le cuente que he conocido a alguien de su clase y que encima piensa que es un chaval formal, ja, ja. ¿Formal mi hermanastro?

La mayor sorpresa surge cuando Marta le propone apuntarse a un concierto que van a dar próximamente los One Direction en la ciudad de al lado. Que su padre les lleva en coche y las trae, que también se encargarán de hablar con los suyos y que tienen un enchufe en los 40 principales para poder conseguir pases gratis y encima tener la oportunidad de verlos personalmente.

En ese instante, Martina recordó a “Sabio”. Recordó lo que le había dicho que le sucedería. Volvía a no dar crédito a lo que le estaba sucediendo. ¿Qué pasaría después?

Aceptó encantada. Pero, ¿iría también Alan al concierto?

Artículo realizado por:

Alicia Catalá Seguí

Doctora en Ciencias de la Psicología y Directora del Centro Evaluador de la Personalidad.

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