LOS CAMBIOS DE MARTINA | Qué quiero conseguir (Cap. 10)

Salir de su jaula era el objetivo de Martina. Hacía ya un par de meses que se sentía desorganizada y abandonada a su suerte ante los terribles exámenes que la acechaban cada semana. Los libros por los suelos, el ordenador sin batería y no sabía dónde había dejado el cargador, los bolígrafos tirados por la mesa. Y encima de cama… tirada estaba Martina. Sus manos cubrían su cara como gesto de desesperación. Todo era un caos.

A los pocos minutos entraba en su cuarto su madre. Sus ojos permanecieron abiertos durante unos segundos expresando un susto tremendo ante la situación de desolación y de alboroto que presentaba el cuarto y al mismo tiempo su hija.

―¡Martina, por Dios! ¿Qué está pasando aquí? ¿Cómo es posible que puedas estudiar con todo este lío? Voy a cerrar la puerta y en treinta minutos la voy a volver a abrir como si esto nunca hubiera ocurrido. Más te vale que esté todo en orden. Y empiezo a contar ¡ya! uno, dos, tres…

Su madre cerró la puerta suavemente, pero Martina sabía que si la volvía a abrir y no veía todo en orden no la volvería a cerrar tan suave.

De golpe Martina saltó de la cama. Se puso música y empezó a recoger sus libros y todo lo que estaba tirado a su alrededor. Parecía que en sus manos había magia. Un par de minutos después de trascurridos los treinta, apareció su madre por la puerta. La abrió muy lentamente y… ¡sorpresa! No podía dar crédito a lo que estaba viendo, todo perfectamente recogido y a Martina sentada en su silla de estudio intentado concentrarse. En el fondo Martina se había pegado un atracón de velocidad y estaba intentando disimular ante los libros, haciendo como que estudiaba. Sin embargo, su mente estaba en otro lado. Su máxima preocupación era ¿qué quería conseguir en esta vida? ¿hacia dónde iba a canalizar su futuro? ¿qué quería estudiar, qué profesión?

Se dio cuenta de que al tener su habitación totalmente organizada su mente empezaba a organizarse también. Entre tanto pensamiento sonó su móvil. Era Alan.

―¿Qué haces?

―Pues ya ves… aquí, metida en mi jaula. Estoy como loca. Acabo de pegarme la paliza del siglo. Lo tenía todo tirado por la habitación, incluido mi cerebro, hasta que ha llegado mi madre. No le ha dado tiempo ni a echarme la bronca. No sé qué le pasa, parece que vaya a un psicólogo que le asesora como debe comportarse conmigo porque… macho, ha dado resultado. Coge, entra y me dice que me da 30 minutos para que arregle la habitación y que va hacer como que no ha visto nada. Esto en otra ocasión hubiera sido un guantazo y sin salir el fin de semana. No veas de la que me he librado.

―Martina, tranquilízate. Si tu madre va a un psicólogo me alegro porque por lo menos se van aclarando las cosas en tu casa. Y sobre tenerlo todo tirado por ahí… no sé, tú misma. ¿Quién decía eso de que tal cual está la habitación de una persona así tiene la cabeza?

―¡Qué fuerte! Si hombre, ahora échame tú el sermón. No me lo echa mi madre y va y me lo sueltas tú. ¿Pues sabes lo que te digo? ¡Que te cuelgo!

―Si me cuelgas no me llames más.

―Vale, pues no te llamaré.

―Martina, ¿vas en serio? ¿a ti que narices te pasa hoy?

―A mi nada. Bueno, que estoy un poco hasta el gorro, por no decir otra cosa. Me parece que mi vida es un caos. Tengo tanto que estudiar que no me aclaro ni yo. Y encima tengo que decidir pronto que voy a querer hacer con mi vida.

―Piénsalo y me llamas. Siéntate contigo y con tu almohada y organízate mejor.

Alan colgó el teléfono y Martina se quedó muy pensativa.

«Sabio» hizo acto de presencia. Se había posado con mucha elegancia sobre la mesa de estudio la joven.

―Vaya, ¡de la que te has librado! La verdad es que reaccionas bastante rápido. Bueno, la cuestión es que estás un tanto preocupada por tu futuro y no es para menos. Y digo yo… ¿por qué no te sientas con tus padres y hablas tranquilamente de lo que te preocupa? ellos sabrán orientarte y si no, acudirán a algún profesional para que te oriente. También tienes a tu tutor del instituto.

―Caramba «Sabio», te agradezco tu atención enormemente. ¿Sabes? Lo voy hacer esta misma noche porque quiero dormir tranquila de una vez, llevo comiéndome la cabeza más de un mes, pero esta vez en serio. Voy a sentarme con mis padres y luego hablaré con mi tutora. Eres un cielo.

Artículo realizado por:

Alicia Catalá Seguí

Doctora en Ciencias de la Psicología y Directora del Centro Evaluador de la Personalidad.

 

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