SECRETOS DEL ALMA | Cariño, ahora no me apetece

Música cortesía de: Fernan Birdy/Relax Music

—Venga, ¡díselo a la psicóloga! Explícale porque no quieres echar un polvo conmigo. Cada vez que me acerco parece que no tienes ganas… nunca tienes ganas.

—No seas ordinario Paco… ¡echar un polvo!… estamos en una consulta, haz el favor… habla de otra forma.

—Pero, ¿qué quieres que diga, hacer el amor? Pero es que nosotros no hacemos eso Manuela, no hacemos ni eso ni lo otro.

La pareja se había sentado frente a la psicoterapeuta, de tal forma que daba la sensación de existir mucha distancia entre ellos. El rostro de Paco indicaba frustración y el de Manuela desesperanza.

—¿Pues no me dice mi mujer, cuando le digo que voy a irme de prostitutas al final, que le importa tres pimientos, que lo que tengo que hacer es eso y dejarla en paz? Manuela, te lo digo de verdad, ¡yo no puedo más! Me das miserias. Si te toco aquí mal porque te duele, los brazos siempre a la defensiva, aquí no, ahí tampoco… pues yo veo a las parejas que se abrazan, que se besan… y yo… reclamando un poco de cariño y con la dichosa frase metida en la cabeza “cariño, ahora no me apetece”. Si no te apetece ahora, ¿cuándo? ¿eh? ¿cuándo Manuela? Cuando se nos haya caído todo a trozos por la edad… ¿o es que no te gusto?

Manuela permanecía callada, con la cabeza inclinada en posición de sentir vergüenza. Paco tenía un brillo especial en los ojos. La miraba de arriba abajo buscando una respuesta.

—Paco, yo no tengo la culpa de que no me apetezca. Tu eres muy fogoso y yo no.

La psicoterapeuta intervino.

—Manuela, ¿qué te hace pensar que no eres fogosa?

—Pues que él siempre quiere y yo no.

—¿Esto desde cuándo te pasa?

—Desde que nació Mario. Ahora tiene 10 años.

—¿Con qué frecuencia mantenéis relaciones íntimas?

Paco se adelantó a la respuesta de Manuela. Se inclinó en la mesa y con aspecto guasón dijo:

—¿Usted conoce el chiste de una mujer que llega a su casa y se encuentra a su marido con otra en la cama? La mujer, al ver que la chica con la que estaba era la mendiga que siempre pedía en la esquina del supermercado, le pregunta a su marido: pero… ¿cómo es posible que me engañes con una mendiga? Y él le responde: llamó a la puerta, le abrí, me preguntó que si podía darle algo que ya no usara…¡y le di esto! (gesticuló cogiendo con su mano sus partes) Pues… este chiste representa lo que no te extrañe Manuela que pase un día.

—De verdad Paco, no puedo contigo. Deja de decir tonterías. Parece que solo tengas el sexo en la cabeza y las cosas no son así. No pretendas que me vaya a la cama contigo o que sea cariñosa cuando me tienes frita. Te digo que los sábados comemos a las dos y media… tu a las tres en casa, de cervecitas con los amigos.

—Manuela, te digo siempre que vayamos a tomar los sábados un aperitivo y tú no quieres, pues yo me voy.

—Paco, te digo de salir por la tarde y compartir algo juntos… pues tú al futbol o a casa de Pepe que tenéis que arreglar no sé qué en el ordenador… Te digo que te encargues del nene que me tengo que ir y me giro y no estás… te digo que estoy aburrida ya, que no hacemos nada juntos… y tú te lo tomas como que soy una pesada… pues que quieres que te diga Paco… ¿que cuando me pegas una palmada en el culo que esté dispuesta? Pues no me da la gana. Tenemos un problema de pareja y esta señora nos ayudará.

—Manuela, Paco, ¿esta es la primera vez que habláis de este tema?

Manuela relajó su mirada, cogió la mano de su marido y acercó su asiento al de él y contesto:

—Sí, es la primera vez. La verdad es que en parte lleva razón. Siempre le digo “cariño, ahora no me apetece”. Yo quiero estar bien, quiero que estemos bien. A mí el sexo no me gusta tanto como a él, pero sí que es verdad que no puedo tenerlo así.

Paco miraba a Manuela como si estuviera viendo a una mujer que no era la suya. Sus cejas se levantaron en símbolo de asombro.

—Bueno… yo también me pongo pesado con esto y es cierto que no hacemos muchas cosas juntos.

—Manuela, ¿podrías explicar por qué cierras los brazos en posición de defensa como ha explicado Paco y por qué no permites que te toque?

—Pues porque no sabe tocarme. ¡Ahora ya lo he dicho! Paco, te las das de fenómeno en la cama y de eso nada. Eres muy bruto. Yo necesito tiempo, necesito que no solo estés cariñoso cuando quieres cama, necesito reírme contigo, compartir cosas, que tengas ganas de ayudarme y de estar conmigo… esa es mi forma de hacer bien el amor y no llegar y besar el Santo. Una cena un poco más especial, dejar el nene en casa de mi hermana… salir a bailar, duchadito, que te arregles para mí o simplemente estar abrazada a ti en el sofá… pero hijo… cada vez que me abrazo a ti te crees que hay tema y eso no puede ser así.

—¿Lo de duchadito lo dices por algo Manuela? Esta mujer se va a pensar que soy un tanto marrano.

—Paco, no puedes llegar de trabajar y por pereza meterte en la cama así, tal cual. Te recuerdo que dormimos los dos en la misma cama y yo cuido mucho mi higiene, cosa que tu no mucho.

La pareja hablaba y hablaba sin que la psicoterapeuta tuviera que intervenir. El gesto cariñoso de Manuela acercándose a Paco con el asiento, había provocado una mayor comunicación. En las sucesivas sesiones, la pareja había empezado a negociar tiempos para compartir y otra forma de entregarse el uno al otro. Habían decidido salir a andar para poder hablar con más frecuencia, se habían obligado a tener encuentros íntimos planificando con antelación dónde dejar a su hijo porque Manuela necesitaba más intimidad.

En una de las sesiones próximas a finalizar la terapia, Paco le explicó a Manuela lo que sentía cuando hacía el amor con ella.

—Manuela, igual de importante es tu cuerpo que el mío. Yo también necesito caricias, masajes, mimos. También necesito que me recuerdes que te gusta mi cuerpo, que tienes atracción por mi. Necesito notar que respiras a mi compás, que te hago sentir. Si te quedas quieta como si se me hubiera caído el Cristo de la pared, yo no me concentro porque no me excitas, ¿comprendes? Necesito que se convierta en un juego, que sea nuestro juego.

—Es que siento que si hago todo eso tú vas a pensar que soy una golfa o algo así.

—¡Manuela por Dios! Que eres mi mujer. Deja de ser tan antigua, libérate, disfrutemos juntos de la vida, no quiero que se nos pase así… nos lo podemos pasar muy bien juntos, pero tienes que cambiar tu forma de pensar sobre el sexo. ¿Llevo razón Doctora?

—El deseo sexual es algo que tiene que ver con nuestro cerebro, no con nuestra vagina y nuestro pene. La palabra, la forma de comunicarnos y de expresar lo que necesitamos es lo único que produce un avance. Los dos os habéis esforzado, os habéis explicado, os habéis entendido. Manuela, la educación sexual que aprendiste de niña y adolescente te han llevado a que te reprimas y juzgues tus deseos. Es una cuestión de cambiar conceptos.

Los dos entendieron la importancia de cuidar el jardín que supone el mundo de la pareja, metafóricamente hablando. Ese jardín debe ser cuidado de forma meticulosa. En ese jardín hay hojas secas que quitar, plantas que mimar, tierra que labrar… si no somos capaces de cuidar lo que tenemos, todos estamos expuestos a que venga otro jardinero o jardinera a regar nuestro jardín.

secretos del alma cariño ahora no me apetece

Artículo realizado por:

Alicia Catalá Seguí

Doctora en Ciencias de la Psicología y Directora del Centro Evaluador de la Personalidad.

1 comentario en “SECRETOS DEL ALMA | Cariño, ahora no me apetece”

  1. Muy bueno ALI. Es una realidad palpable.Son estapas de la vida y la mente y la educación en nuestra infancia y si ha esto le sumas la falta de comunicación deribastante en la monotonía y eso la monotonía en la inapetencia. Es muy bueno ALI y muy reconfortante y más si has pasado por casos similares. Gracias…Sigue en tu línea al final seras Leyenda.

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