SECRETOS DEL ALMA | Yo, infiel

—Yo no puedo entender cómo no se da cuenta. No es la primera vez que me pasa, es como una necesidad morbosa. Llevo 10 años con este chico y ya he sido infiel dos veces. La primera fue al año de empezar la relación con Luis. Me enganchaba mucho su amigo. Estuvimos un tiempo pero era sólo una atracción sexual. Después, en cuanto noté que él empezaba a enamorarse de mí, yo misma abandoné la historia. Y la segunda todavía la llevo en danza.

El aspecto de Inés era el de una mujer angelical, de belleza natural, joven, de unos 35 años. Su estilo de vestir indicaba una cierta elegancia masculina, chaqueta americana, camisa abierta, pantalón clásico y pocos complementos. Sin embargo, llamaban mucho la atención dos cosas: sus uñas perfectamente maquilladas y dos tatuajes que simbolizaban una corona dibujada alrededor de sus muñecas que se dejaban ver cuando movía los brazos al gesticular. Simbología que indica realeza. La corona es una insignia visible que otorga a su poseedor, el derecho absoluto de ejercer el poder.

— La relación que mantienes en paralelo a tu vida en pareja, ¿es solamente sexual?

—Totalmente. Es el marido de mi amiga. Empezamos tonteando hace unos nueve meses y no podemos evitarlo.

— ¿No podemos evitarlo o no queremos evitarlo? — preguntó la psicoterapeuta mirando por encima de sus gafas.

—Bueno… no queremos. Lo de Javi es una atracción desde el día en que nos vimos…es como si hubiéramos conectado. No puedo parar.

— ¿Te sientes insatisfecha sexualmente con tu pareja?

—No especialmente, quizás un poco monótono, poco apasionado. Él es muy bueno, todo el mundo se sorprendería si lo dejáramos y además me sabe muy mal dejarlo. Yo lo quiero.

— ¿Tu forma de querer es a través del engaño? No me estás hablando de que has sido infiel en una ocasión y que te arrepientes, me estás hablando de varias relaciones fuera de tu pareja y que se repiten los encuentros con la misma persona. Estamos hablando de infidelidad recurrente.

— ¿Recurrente?

— La infidelidad recurrente se presenta por carencias o descuidos de la pareja. Uno de los dos necesita satisfacer necesidades no cubiertas, pueden ser afectivas, sexuales, intelectuales o cualquier otra. Se genera dependencia emocional y física. Es muy parecido a los efectos de una adicción.

—¿Me estás llamando adicta?

—Sí. Al fin y al cabo son carencias lo que tienes. Lo que no te da Luis lo buscas en otro sitio.

Inés habló de su vida con Luis, su pareja desde hacía 10 años. Calificaba su relación como normal; trabajo entre semana, agotados al llegar a casa, una cena rápida, uno a dormir y el otro al sofá a ver una serie y los fines de semana salida con los amigos, compras, limpieza, ordenador y un rato con la familia los domingos. Describió a Luis como un joven apocado, de carácter reservado y con tendencia a la sumisión. Le faltaba ser más apasionado en sus relaciones íntimas, sin embargo, se reía con él y apenas discutían. El carácter de Luis era comprensivo y evitaba cualquier situación desagradable dentro de la pareja dejándola pasar.

— ¿Por qué soy infiel?

—La infidelidad es una traición. Es el resultado de una crisis de pareja. Quien es infiel lo hace porque busca otra sexualidad, otras emociones de tipo sentimental o intelectual que su pareja no le da. Existe un aspecto narcisista por tu parte que indica una necesidad constante de sentirte deseada por otro hombre. Intentas mantenerte libre a través de tus actos de infidelidad. En el fondo buscas cubrir con otra persona tus insatisfacciones con Luis.

—Tengo una amiga con la que hablo, esa buena amiga a la que le puedo contar estas cosas. Hace unas semanas me dejó un tanto preocupada porque me dijo que no me estaba dando cuenta del daño que estaba causando. “necesitas un psicólogo que te indique y te explique que debes dejar de hacer lo que haces, que debes madurar y aceptar tu relación o dejarla, pero deja de hacer lo que a ti no te gustaría que te hicieran, eres rastrera”.

— ¿Y qué opinas de ello?

—La verdad es que me quedé perpleja — respondió Inés mostrando en su rostro preocupación— Me sentó muy mal que me dijera aquello tan libremente. Cuando me llamó “rastrera” quería morirme. Fue cuando me decidí a venir. Verdaderamente tengo un problema, ¿no?

—Si necesitas sentir que gustas, coquetear con hombres, experimentar la sexualidad diversa, alimentar a tu ego volviéndolos locos y escuchar que no pueden vivir sin tu cuerpo… debes estar sola. La pareja es un compromiso de dos donde tres no entran. Soluciona tus conflictos internos con tu pareja, descubre con él qué os está pasando y comprométete contigo misma.

—Esto me va a costar… pero debo hacerlo.

—Yo te ayudo. Tomar consciencia de un acto es avanzar. Ya tienes el primer paso dado.

Relato escrito por:

Alicia Catalá Seguí

Doctora en Ciencias de la Psicología y Directora del Centro Evaluador de la Personalidad.

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